Baio kará wachú / Cadogan, León by maria ines sgrazzutti on Scribd
Fuente: América indígena 1962 22(1)
Se mostrarán los hallazgos en el Fondo Antiguo, documentos anteriores a 1950, de la Biblioteca de Ciencias Económicas y Estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario. Desde las diferentes web oficiales, de la Facultad, de las Bibliotecas,y de la Universidad, no se puede consultar a través de internet el catálogo del Fondo Antiguo, por lo que creo que puede ser útil este blog para aquellas personas que buscan información sobre historia argentina entre 1860 y 1950.
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miércoles, 4 de septiembre de 2019
lunes, 19 de agosto de 2019
A propósito del mesianismo en las tribus guaraní
Fuente: América indígena 1961 21(4)
Etiquetas:
Guaranies,
México,
Publicacion Periodica
martes, 13 de septiembre de 2011
Leyenda guaraní
En el norte argentino encontramos un arbol que no pasa de cuatro o cinco metros, es originario del Brasil, Paraguay y Misiones, pero lo encontramos también en Tucumán, Santiago del Estero y Chaco.
Su madera de color verdoso se utiliza para la fabricación de cucharas, cabos de herramientas, etc.
Su nombre científico es "Tabebuia nodosa" (esp. bignoniáceas), pero su nombre vulgar varía. Así en Catamarca es designado Palo Cruz; Toro-ratay, en Santa Fe; Yaguá-ratay, en el Chaco; Niñaj o Huiñaj, en Santiago del Estero.
Es un verdadero barómetro. En cualquier época del año abre sus flores amarillas, dos o tres, cuando está por llover.
Una leyenda del nacimiento de esta original especie:
-Mbáapo, mbáapó (trabajar, trabajar) es la ley del pobre- le repetía siempre su buena madrecita. Sí, mbáapó ... Pero la orden que le había dado ese día su patrón era terrible de cumplir. Ir solo a la caá-guazú (gran selva), a cortar unos árboles tiernos. ¿Y si aparecía el genio de la selva?
Debía internarse por primera vez en la caá-guazú ... Pero, de no cumplir la orden quedaría sin trabajo. ¿Y su sí (madre)? El nembiajhi (hambre), rondaría su casa.
Hubiera preferido ir a arrancar piedras al cerro, donde el diablo canta. Pero .. ¿enfrentarse con el genio de la selva? ...
Pensó en su madre nuevamente; recordó sus resá (ojos) tristes y cansados, pero que siempre tenían una luz cariñosa para su cunimí (muchacho). Y para darse valor repitió varias veces:
-Ayapó coichá (Así lo haré).
Y su corazón de hijo le aconsejaba:
-Egüatá, egüatá. (Andá, andá)
Internóse en la caá-guazú y cortó un arbolillo, luego otro y otro. Siempre la voz filial lo alentaba:
-Egüatá, egüatá. (Andá, andá)
De pronto notó que el Cuarají (el Sol) no iluminaba ya la selva. Miró en torno suyo y se vio rodeado de enormes troncos sin ramas ni hojas, que iban estrechando más y más el círculo a su alrededor. Lo comprimían, lo ahogaban ...
Su corazón latía descompasadamente ... Lanzó un grito:
-Aháse voi ... (quiero irme pronto)- cortado por un sollozo de niño con miedo. No era otra cosa el pobre cunimí (niño) a quien la vida obligó a olvidarse de juegos y travesuras.
La empalizada trágica le respondió:
-Caárubé ... Caárubé ... (más tarde ... más tarde ...)
Vencido por la fatiga, paralizado por el terror, sin atinar a nada, repetía insistentemente, con voz cada vez más débil :
-Aháse voí ... (quiero irme pronto).
En esto sopló un terrible vendaval, se oscureció más aún la selva y una voz profética le dijo:
-Nde piré ndé noéne. (Tu piel te enseñará).
Los troncos estrecharon más aún sus filas, comprimiendo cada vez con mayor fuerza su teté (cuerpo) de niño. Sus pies se hundieron en la tierra húmeda. Sus brazos alargáronse, transformados en ramas, y sus cabellos, creciendo también, se trocaron en verdes y nerviosas hojas.
La empalizada trágica, como un criminal que ha terminado su obra maligna y destructora, se alejó sigilosamente. Sólo quedó en el lugar un arbolito que, al mover el viento sus hojas, parece repetir:
-Aháse voí ... (quiero irme pronto)-, como un lamento, como una imploración quejumbrosa y triste, con ese acento propio del niño que ruega, que suplica, convencido de su debilidad ante el más fuerte.
Así, ciega e injustamente, el celoso genio del bosque hizo caer su maldición sobre el inocente cunimi, dejando impune al verdadero culpable, al que le dio la orden, al que lo obligó a elegir entre desafiar su ira o perder su trabajo, el trabajo que representaba la subsistencia y la tranquilidad de la madre.
Los leñadores procuran no dañar las tiernas ramas, evitan que los arboles al caer bajo sus hachas los lastimen. El pequeño arbol, para retribuir ese amoroso cuidado de los rudos leñadores, les anuncia la lluvia torrencial, la tormenta. Y llora, llora pétalos amarillos ... pues sólo sabe llorar.
Su lluvia de pétalos amarillos es señal segura de tormenta. Un modo de rogar a los suyos que vuelvan a sus casas.
Fuente: Villafañe Casal, M. Salinas y lluvia. En: Revista Geográfica Americana 1945 23(141)
domingo, 11 de septiembre de 2011
Leyenda guaraní
Las Jhesai (lágrimas) de Kalila
Al compás de la música que arrancan los jóvenes guaraníes de sus rústicos instrumentos, las doncellas indias cantan y bailan en las cercanías del Iberá. Tejen coronas de bellas flores para adornar al caraí (hombre) de su preferencia.
Entre todos ellos destácase Aimará, cuyo gozo mayor es hacerse amar. Con los sones melodiosos de su flauta embrujada descubre una vida nueva a las jóvenes vírgenes. Emborayú (el amorcillo indio) lo protege y le ha dado el payé (amuleto) para cautivar a la cuñataí (joven mujer).
Al terminar las danzas, Aimará monta en un fantástico animal con cola de zorro y patas de tigre, perdiéndose sobre su extraña cabalgadura en lo más espeso de la selva.
Kalila, a quien llaman Eíra (miel) por la dulce mirada de sus enormes ojos negros, quédase escuchando las últimas notas de despedida de Aimará, hasta que se pierde su eco en la espesura de la fronda.
Con verdadera pasión ama ella a ese ser misterioso. Y como el que mucho ama mucho desea, llega un momento que no puede conformarse con las fugaces visitas del protegido de Emborayú. Dispuesta está a vivir siempre a su lado o terminar con su vida. Para esto prepara una flecha envenenada. Sigue las huellas del animal de cola de zorro y patas de tigre. Guiada por los sones de una canción bien conocida, llega a la orilla de la laguna Iberá. Alli encuentra a Aimará.
Terrible es la visión que surge ante ella. Una mujer blanca está en sus brazos. La doncella, a quien llaman Eíra por la dulce mirada de sus ojos negros, siente nacer en su interior un impulso irreprimible y desconocido: un arranque de celos. Y arroja la flecha envenenada contra los amantes. Atraviesa ésta sus cuerpos y, unida la pareja se hunde en las aguas del Iberá. La laguna, embravecida, levanta un gran oleaje.
Desde entonces las lluvias de la Iberá llegan acompañadas de arañaró (cielo enojado). La centella y el rayo iluminan las aguas de la laguna, que se levantan como si fueran empujadas desde el fondo.
Es que se renueva la tragedia. La mujer blanca se convierte en lobo dañino. Kalila acompañada por el canto de Aimará, recorre la selva, los esteros, los campos. Vuela en alas de las ára-bí (nubes), que anuncian la próxima lluvia al dejar caer las primeras gotas. Estas son las jehsaí (lágrimas) de la infeliz india, que, cegada por los celos, no pensó que su mirada más dulce que la aira era la mejor arma para vencer a la mujer blanca y salvar su amor.
La cuñataí (joven mujer) guaraní, cuando caen sobre su piel morena las primeras gotas de lluvia, siente sensación agradable, un placer sin igual.
De cara al cielo, otea las ára-bí, para descubrir la silueta de Kalila o el rostro de Amairá, el amado ideal con que sueñan todas las doncellas guaraníes.
Fuente: Villafañe Casal, M. Salinas y lluvia. En: Revista Geográfica Americana 1945 23(141)
sábado, 10 de septiembre de 2011
Invocación guaraní
Neique tupá cuerype ñendú incique. Coéramo ñande yará añendú incique vaerá. Oquyramo che remite ray cuerá omanó moot cuarajy hacuguy. Cuaraj hácú oyupápata che avatí ray.
(Oiga, tupá, mañana oirá, mañana nuestro dueño oirá. Si o llueve, todos mis gérmenes morirán por el calor del sol. El sol caluroso matará mis semillas de maíz.)
Fuente: Villafañe Casal, M. Salinas y lluvia. En: Revista Geográfica Americana 1945 23(141)
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