Motivó una poética fiesta la entrada oficial en Coburgo de la encantadora duquesa. Millares de personas invadieron las calles de la pequeña capital para aclamar a los jóvenes príncipes. El burgomaestre interpretó con natural emoción los votos de felicidad que ofrecía el pueblo a su nueva soberana.
Fuente: Caras y caretas 1905 8(376)

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