La ventana de Imbabura
En el Nudo de Mojanda, los viajeros que suben o bajan por el costado del Mojanda, pueden divisar, cerca al costado oriental de la cima achatada, un hueco, una especie de túnel en la roca negra del cerro, una como ventana a través de la cual se puede ver el cielo al otro lado de la montaña.
Hace mucho, mucho tiempo, vivía por aquí un hombre muy alto y fuerte, un gigante. Era tan grande que para él todas las lagunas de la provincia de Imbabura resultaban pequeñas y de poca profundidad. Por esta razón dicen que miraba a los lagos con desdén, con desprecio. Cuentan que cierta vez se propuso descubrir cuál de las lagunas era la más profunda. Llegó primero a la Laguna de San Pablo y se metió en sus aguas. En pocos pasos recorrió todo el lago y en el lugar más profundo el agua apenas le llegó a las rodillas. Pasó enseguida a la laguna de Mojanda y el agua allí no le llegó sino a los tobillos. Se encaminó luego a Cuicocha y el agua en este lago hermoso y agreste le llegó hasta los muslos. Llegó finalmente a la Laguna de Yahuarcocha y el agua allí apenas le cubrió los pies.
Laguna de Cuicocha
En los días despejados, cuando Taita Imbabura no padece de dolor de cabeza y no tiene su frente cubierta con un pañuelo de nubes, se puede ver claramente la Ventana y, a través de ella, un cielo lejano y remoto. Más abajo, escondida en un hueco, está la pequeña Laguna de Cunro.


No hay comentarios:
Publicar un comentario