domingo, 12 de febrero de 2012

Leyendas de Ecuador

La ventana de Imbabura

En el Nudo de Mojanda, los viajeros que suben o bajan por el costado del Mojanda, pueden divisar, cerca al costado oriental de la cima achatada, un hueco, una especie de túnel en la roca negra del cerro, una como ventana a través de la cual se puede ver el cielo al otro lado de la montaña.
Hace mucho, mucho tiempo, vivía por aquí un hombre muy alto y fuerte, un gigante. Era tan grande que para él todas las lagunas de la provincia de Imbabura resultaban pequeñas y de poca profundidad. Por esta razón dicen que miraba a los lagos con desdén, con desprecio. Cuentan que cierta vez se propuso descubrir cuál de las lagunas era la más profunda. Llegó primero a la Laguna de San Pablo y se metió en sus aguas. En pocos pasos recorrió todo el lago y en el lugar más profundo el agua apenas le llegó a las rodillas. Pasó enseguida a la laguna de Mojanda y el agua allí no le llegó sino a los tobillos. Se encaminó luego a Cuicocha y el agua en este lago hermoso y agreste le llegó hasta los muslos. Llegó finalmente a la Laguna de Yahuarcocha y el agua allí apenas le cubrió los pies.
Laguna Cuicocha, Otavalo, Ecuador
This travel blog photo's source is TravelPod page: Short stay in Otavalo
 Laguna de Cuicocha


Con esto el gigante acabó por convencerse de que, de verdad, en toda la provincia no había un solo lago suficientemente profundo como para poder enterrarse en sus aguas. Para él, éstos no podían ser lagos; eran apenas unos pequeños charcos. Lleno de soberbia se disponía ya a retirarse, cuando alcanzó a divisar, arriba del Imbabura, casi perdida entre las rocas, una pequeña laguna. Era tan pequeña, en verdad más pequeña que todas las otras, que casi no creyó necesario ir allá y comprobar su profundidad. Pero como disponía de tiempo y deseaba poder decir más tarde que había estado en todas las lagunas de la provincia, se dirigió a este pequeño lago y, no sólo con confianza sino con arrogancia, se metió en sus aguas frías y negras. Cuál no sería su sorpresa y su turbación al sentir que sus pies no hallaban fondo y que todo su cuerpo inmenso de gigante se hundía irremediablemente en el agua. Le asaltó el miedo y lleno de angustia extendió una mano buscando algo de donde sostenerse. Logró agarrarse de una roca cercana a la cima de la montaña; pero lo hizo con tanta desesperación y violencia que uno de sus dedos perforó la cúspide del monte de parte a parte, dejando allí un hueco cuando retiró la mano. Es así como se formó la Ventana de Imbabura.

En los días despejados, cuando Taita Imbabura no padece de dolor de cabeza y no tiene su frente cubierta con un pañuelo de nubes, se puede ver claramente la Ventana y, a través de ella, un cielo lejano y remoto. Más abajo, escondida en un hueco, está la pequeña Laguna de Cunro.

Fuente: Buitrón, A. Leyendas y supersticiones indígenas de Otavalo, Ecuador. En América indígena 1966 26(1)

No hay comentarios: