miércoles, 25 de enero de 2012

El nuevo gabinete


Los chiquilines del Ejecutivo siguen alborotando el barrio de la Casa Rosada, con sus travesuras. La gente se harta de felicitar a las mamás respectivas, aunque don Manuel, con meticulosidades no indignas de una institutriz inglesa, encontrándose poco seguro de la seriedad de sus pupilos, tenga que mirarles de rabo de ojo, no sea que a las primeras de cambio se transforme en infernal partida de rayuela el más solemne consejo de ministros.
Hasta ahora sin embargo, ninguno ha dejado de ser puntual en sus deberes y de hacer sus planas como cualquier muchacho decente de primer grado, cifrándose las más halagüeñas esperanzas en la seriedad compungida de Joaquincito, en la catamarqueñismo sonoro de Rafael, en la pasión de soldaditos y barquitos que distingue a Enrique y a Martinete, en el amor al verde de Torino y en la manía ferrocarrilera de Ormilla, si bien ninguno se la pega al popular Pepito, que sino es el 88 por la fuerza, lo es por la exigüidad y por ser más pícaro que bonito.
Desde el advenimiento de los purretes no se oye en los ministerios ni una entonación grave, predominando hasta en la clásica manera de pedir te, a las 2 de la tarde, grititos aflautados que provocan la sonrisa de los viejos porteros y de los burócratas encarecidos.
En el momento de sorprender fotográficamente a la familia improvisada, "el viejo" les espetaba un sermón de no te muevas, no habiéndose movido ninguno, en efecto, cuando la voz omnipotente clamó: "Hijos míos, nuestroprimer deber consiste en no pasar por papamoscas ..."

Fuente: Caras y caretas 1904 7(316)

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