Hipócrates de Cos, médico y filósofo, fue el que rescató a la medicina del campo de la especulación, para empezar la clasificación de datos acerca de las enfermedades. Hipócrates creía, como creían todos hasta el siglo diecisiete, que, fueran los síntomas que fuesen, todas las enfermedades eran causadas por un desorden común del organismo. Sin embargo, el mismo Hipócrates reconoció que cuando los síntomas se combinaban de cierta manera, la enfermedad parecía seguir un curso determinado, mientras que seguía otro diferente cuando los síntomas se presentaban de forma distinta. Hipócrates describía los síntomas y el curso que seguía la enfermedad en todos los enfermos que estudiaba, y estas descripciones, de la apariencia física y de la conducta del paciente, se llaman historias clínicas. Y cuando había reunido varias de estas historias, sacaba de ellas conclusiones de orden general y así podía decir, de acuerdo con la aparición de ciertos síntomas, el curso que seguiría la enfermedad. Hipócrates nunca pudo diagnosticar, como lo hace el médico moderno, pero sí podía formular el pronóstico, uno de los lados de la medicina que más interesaba a los griegos. Pero Hipócrates perfeccionó el arte de la medicina más allá del mero pronóstico; él construyó la base sobre que se funda el tratamiento. Sus archivos clínicos le permitían ver los buenos o malos resultados que daban los diferentes tratamientos y podía así seleccionar, de entre éstos, los que eran más eficaces.
[Fuente: Haggard, H.(1941) El médico en la historia]

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